viernes, 24 de junio de 2016

Mis Yoes (II): Una reflexión de Umut

¿Qué te pasa? Pregunta Catherine,

Umut simplemente la mira y trata de ocultar las incipientes lágrimas que hay en sus ojos volviendo a mirar hacia la nada, tal como lo estaba haciendo antes de que ella llegara a explotar la pequeña burbuja que había armado entre el ruido del exterior y él mismo. 

Umut suspira, la vuelve a mirar a los ojos, y responde, acá acostumbrado a que se malinterprete todo lo que digo. La gente no entiende mis silencios y cuando trato de explicarlos solo escuchan las razones que ellos creen son mis razones, ¿por qué la gente hace eso Catherine? ¿Acaso es tan difícil entender que merodeo por el mundo sintiendo absolutamente todo lo que pasa, que no quiero decir nada por mi actitud de no molestar a nadie y que eso mio de ir haciendo más allá de lo que me corresponde es solo una manera de demostrarles que me importan, que no quiero que ellos carguen más dolor del que sé y siento que están sintiendo? ¿Sabes por que pasa eso? ¿Por qué la gente es tan egoísta?

miércoles, 15 de junio de 2016

Mis Yoes: Introducción

Umut no soportaba estar más en silencio, Catherine estaba a punto de un ataque de nervios y Vincent solo veía la escena sentado al otro lado de la habitación mientras grababa los detalles de sus expresiones para pintarlas, en su manera particular de hacerlo, más tarde por la noche. 

Black Rabbit solo reía al ver la situación, disfrutaba ver la desesperación en otros; junto a él está José con cara de desaprobar todo, el siempre amargado José. 

Yo por otro lado estaba allí parado con mi cuarderno, documentando cuál etnólogo como mis "Yoes" enloquecían y yo parecía estar entrenido por el disparate del que era testigo.

viernes, 25 de diciembre de 2015

LAS VALLAS DE RETIRO: Esperando en la terminal de Buenos Aires

Pensar que tienen una ciudad hermosa es lo más obvio, creer que todo ha sido intervenido para crear dicha ilusión no lo es; su idea de perfección se desvanece en el horizonte cuando te detienes a observar lo que hay frente a tus ojos y las vallas de Retiro -la Estación de Omnibuses de Buenos Aires- son un ejemplo de esto.

Te sientas en cualquiera de los asientos exteriores de dicha terminal, miras cada una de estos avisos y quedas con la idea de un país, de una ciudad preocupada por sus habitantes; idea reforzada con los frondosos y verdes árboles detrás de estas  y aún más al horizonte el cielo es embestido por los edificios de la ciudad porteña; pero si te detienes a observar entre las rendijas y huecos de las copas de los árboles simulaciones a gran escala de castillos de naipes de cemento, ladrillo y metal se hacen presentes; uno al lado del otro, uno encima del otro como emulando en su disposición espacial al tránsito de las peatonales y avenidas de está ciudad. Son casas precarias, enrejadas, verticales y horizontales hacia el infinito, sin límites claros entre una otra y otra; son casas que dejan ver a través de su visibilidad invisible lo que entiende por bienestar el gobierno que está hace 8 años en la ciudad y recién inicia a ser el que dirige el país. 
Todo en esta urbe tiene que ser lindo, tiene que verse bien, tiene que ser perfecto; la retórica de la felicidad en su máxima expresión y degradación; la mediatización de las formas de vivir en cemento y acero fundido. 
Quizás esté exagerando, quizás esté siendo sensato; en cualquier caso me preocupa Argentina tanto como el país en que nací, Colombia. Dos lugares que tienen todo pasa ser grandes pero han pasado en repetidas ocasiones por la boca de manadas de lobos hambrientos de dinero y/o poder y no de ganas de servir a un pueblo que simplemente merece lo mejor.