sábado, 13 de setiembre de 2014

#YoTambiénFuiSergio



Era un domingo por la mañana, uno de esos en los que había carrera de la Fórmula 1, el Gran Premio de Italia, uno de los templos de la velocidad y mi piloto favorito saldría desde la primera posición, la emoción era evidente y los preparativos para ser testigo de su posible victoria estaban listos desde la noche anterior, había pensado en todo lo que podía necesitar durante la mas de hora y media que suelen durar este tipo de carreras. Revisando que todo fuera así inicio mi rutina diaria tras encender la televisión y sintonizar el canal en el que sería transmitido dicho evento.

Abro mi laptop y la enciendo, el mismo ejercicio que hago cada mañana con el propósito de ponerme al tanto de lo que sucedió en el mundo mientras dormía. Espero que un aviso me indique que ya estoy conectado a internet y así entrar al visualizador para acceder a mi cuenta de Twitter y ver las tendencias que en esta red social hay, usualmente muchas de estas no indican nada, pero hay otras como la que llamó mi atención ese día que exponen realidades de este país que deberían avergonzarnos e indignarnos a todos los colombianos. Esta tendencia era Sergio Urrego.

Empecé a leer los primeros trinos que aparecieron relacionados a esta, no creía lo que leía por lo que inicié la búsqueda de algún enlace que me llevara a una página que me permitiera tener algo extra a lo que decían los tuiteros y al final lo encontré y lo que leí después de eso cambió los planes de mi mañana. Era el caso de un joven de 16 años que se suicidó tras sufrir tratos discriminatorios por parte de las directivas de su colegio al saber que era homosexual y que su pareja era otro alumno de la institución, quien además tuvo que lidiar con una demanda de acoso sexual interpuesta por los padres de su ex pareja.

Olvidé la carrera, no me interesaba demasiado saber que sucedería allí, lo que pasará con esos pilotos era nada comparado a lo que recién había leído. Comencé a pensar en lo que podía haber sido ese joven, que no tenía nada que ver conmigo, pero que su historia había logrado algo, que pensaba sería parte de mi pasado, regresar al activismo y voltear mi mirada de nuevo a esa parte de mi que solía llevar con orgullo, pero que había “enclosetado” durante los últimos tres años solo para tener una vida tranquila.


Para muchos esto es demasiado, quizás estén en lo cierto, quizás si reaccioné de sobre manera, pero esto me recordó que yo también fui como él, alguien a quien muchas veces llamaron “marica”, “nerd”, “ella”, “mujercita” (estas últimas no me molestaban pues nunca me consideré hombre o mujer mas eso no significa que sea correcto hacerlo) y a pesar de estudiar en un colegio católico siempre tuve personas que me apoyaron y defendieron, a excepción de alguien quien a mis 12 años, quería que dejara mis conductas femeninas a un lado e incluso hizo que mis padres me llevaran al sicólogo por eso y ellos preocupados lo hicieron, en un país como este quien quiere un hijo afeminado, nadie. Fui muy receptivo a sus recomendaciones porque me sentía culpable por mi comportamiento mis padres sentían vergüenza de mi y lo que menos yo quería era que eso sucediera. Los esfuerzos fueron en vano, y es que no venía nada malo en mi manera de actuar, nunca tuve respuesta negativa a mi comportamiento por parte de mis amigos, profesores o la mayoría de mis familiares e incluso mis padres con el tiempo, mas por resignación que por respeto o tolerancia, lo aceptaron como parte de lo que soy. Aun sigo sufriendo respuestas negativas, pero por fortuna no soy el mismo que ese niño de 12 años que estaba convencido que ser él estaba mal. Ahora a mis 25, digo que soy un hombre homosexual – aparte de muchas otras cosas-, demisexual1 y que se define como queer gender (neutrois)2.

No estoy interesado en que todos me acepten, a pesar de que eso sería el ideal, solo quiero que todos piensen y reflexionen que muchos de esos que dejan su vida en el camino son hermanos, hermanas, amigas, amigos, primos, primas, familia. Son otras personas, otros seres humanos que merecen poder disfrutar de este mundo con las mismas libertades de aquellos que se consideran “normales”. Hay que aprender a vernos en el otro, a ponernos en sus zapatos y detenernos a pensar si la forma en que se trata al prójimo es la misma que esperamos nos traten a nosotros.
Una vida tranquila, me repetí mi mismo, ¿cómo puedo vivir una vida tranquila si parte de la de nuestras futuras generaciones no lo será? No, yo no podía tener una vida tranquila sabiendo que allá fuera había más “Sergios” o “Sergias”, una generación que podíamos perder si personas como yo seguíamos guardando silencio solo por mantener nuestras vidas en normalidad.


Al principio no sabía como sentirme frente a este hecho, quedé por un momento mirando la foto de su madre sosteniendo un retrato de él, ella y su abuela. Seguía sin creerlo. Este no era para nada el típico caso de discriminación ¿Cómo un colegio puede discriminar a un alumno por su condición sexual? O ¿porque los padres de un joven que amaba a otro denuncian a su ex pareja de acoso sexual solo por prejuicio o guardar apariencias? En mi cerebro semejantes asuntos no eran compatibles con las realidades vividas en el siglo XXI y lo que se supone debe ser la escuela en estos tiempos.

Hay que recuperar nuestra humanidad.





1Persona que no siente atracción sexual sin antes tener un fuerte conexión romántica con otra persona.

2Queer Gender:Término utilizado para categorizar a las personas que no se identifican con binomio normativo del género. Neutrois: Es la categoría que reúne a aquellos que no se ven a si mismos ni como mujeres ni como hombres.

domingo, 23 de febrero de 2014

SinTitulo - Parte I


" el primer movimiento está dado, a caminar"


Algo le agobia, las señales de intranquilidad son evidentes. Camina constantemente de un lado a otro, mira con insistencia su reloj sin al menos haber pasado dos minutos entre una mirada y otra ¿Estará esperando a alguien o lo estarán esperando a él?


Su día aburrido se torna interesante, verlo a él lleva a su mente a recrear una historia, a crearle un mundo en el que es el protagonista y él un simple testigo que narra su aventura. Podría preguntarle qué espera, pero eso no sería divertido; saldría de la duda, tendría certeza, pero eso lo regresaría a la repetitiva serie de acciones que hace a diario en ese palacio de cristal, acero y paredes blancas en el que vive 16 horas del día.


El extraño se detiene y vuelve a mirar su reloj y con paso rápido se acerca a su cubículo abriéndose camino entre la fila de personas que esperaba por su asistencia en algún problema que tuvieran. Estando frente a él, saca un sobre de uno de los bolsillos delanteros de su pantalón negro de algodon mezclado con poliéster, algo que se notaba por el brillo que hacía la tela al ser iluminada con la luz blanca de la estéril oficina. Extiende su mano hacia él entregándole el sobre, él,  algo extrañado lo recibe.


-¿Qué es esto?-
-No importa lo que sea, sólo ábrelo en cinco minutos. No antes, no después. En cinco minutos-


Terminada sus palabras desaparece en medio de las personas que esperaban y transitaban en ese lugar.


Él comienza a detallar el sobre y se cuenta que en uno de los lados está escrito en tinta negra su nombre, “Leonardo”, en una caligrafía que le era familiar. Se para de su silla, a unos pasos fuera de su cubículo y, en medio de las quejas y gritos de la gente, sale corriendo a la entrada del edificio, tenía que encontrar a aquel hombre. Al llegar a la puerta no ve a nadie afuera que se parezca a ese hombre, era tarde.


Los cinco minutos han pasado, Leonardo con respiración agitada, abre con sus manos, que en ese momento parecían más una masa gelatinosa; el sobre y saca de este una foto en la que está retratado un niño sonriente de cabello del color de la noche, cara de nieve, ojos oscuros como las semilla de café y algunos puntos negros dispersos como las estrella por toda su cara. Voltea la foto y atrás una inscripción que dice “Abril 26 de 1994 - Leonardo, 7 años” él se sorprende, nadie más aparte de él la tenía una copia de esa foto, al menos eso creía hasta ese momento, y según recordaba no había nada escrito en el revés de esta; guardó rápidamente la foto en el bolsillo izquierdo de su camisa blanca algo mojada y sucia.


Haciendo un saludo al guardia de seguridad deja el edificio y tras una corta caminata llega al lugar dónde está aparcado un carro gris de estilo familiar, algo viejo y con una abolladura en una de las puertas traseras. Leonardo entra al carro y lo pone en marcha, cerca de salir a la calle principal,  un hombre se le atraviesa, y es obligado a frenar. el hombre corre y entra al carro, Leonardo observa todo, no  entiende nada.


-No hable, no pregunte. Solo sigue las instrucciones que te voy a dar-
-¿quién es usted? y ¿porque tenía esta foto? - dice Leonardo mirándolo fijamente y con algo de duda y rabia en su voz
- Ya sabrás porque. Solo haz lo que te diga, hay alguien que quiere verte-
-No me moveré de aquí si al menos no me dice quién me quiere ver-
-Está bien. Es tu padre quien quiere verte-
-Mi padre está muerto-
-Si, eso es cierto. Ya tienes tu respuesta, conduce-

 Continua...

Juan Pájaro Velásquez

viernes, 31 de enero de 2014

El regreso (The Comeback)

"Hay cosas que uno no puede dejar de hacer, la ansiedad por el placer que te producen siempre gana cuando intentas renunciar a estas". 

En los últimos día, lo que he llamado yo, un conjunto de señales me han hecho pensar que mi trabajo como contador de historias no ha terminado, que es eso lo que soy, un escritor por naturaleza. 

Al leer y ver dos versiones totalmente diferentes y que en apariencia no guardan relación entendí el poder que tiene la palabra. Está da vida, no de la manera literal en que nosotros conocemos, pero si simbólicamente el escritor crea y recrea un mundo que vive a través de sus palabras y que son pocos los que en tienen el privilegio de hacerlo, de recordarles constantemente letra por letra lo que significa vivir a cualquier ser humano.

Escribir es un don que simplemente no se puede desperdiciar por miedo al futuro o por cualquier excusa que logremos inventar en medio de la incertidumbre, de nuestros complejos o la creencia de que es mejor hacer lo conveniente, lo correcto a lo que se quiere. 

El escritor tiene un trabajo importante: recordar que existe tranquilidad en un mundo de caos, que la esperanza nunca muere y que todo puede vivir a través de las palabras. Hoy regreso a hacer lo que más me gusta porque no es fácil abandonar un sueño y mucho menos una adicción. 


Juan Pájaro Velásquez