sábado, 5 de agosto de 2017

Grande Equivoco

Odié quedarme esperando,
te imaginé sonriendo, ser feliz,
mientras yo creía que algo más podía ser,
no lo fue, siempre existió un amor imaginario,
me obsesioné con vos, pretendí que esto era amar
y tan sólo era unilateral
No rompes mi corazón sino la historia que no se pudo contar,
ese cuento que no pudo ser,
pero así es la vida misma,
Toda locura, toda desenfreno de emociones que habitan los distintos cuerpos que chocan y desencuentran en medio de la esquizofrenia de sistemas que hemos creado para habitar nuestra vida social
Todo fue humo, fugaz y nada más,
Un verano, una noche de invierno, la transitoriedad
Fuimos seres de contacto que ahora se desencontrarán
y es que
una historia vale más cuando es fantasía que realidad


martes, 1 de agosto de 2017

Transitorio

Parado en medio de la nada,
Sintiendo las gotas de la verdad de lo que no soy recorrer mi cuerpo,
invadir mis células, ocupar mi mente
y hacerme desistir, pelear,
desistir, permanecer,
desistir, llorar,
desistir, revivir,
renunciar, progresar
Sus palabras me atraviesan y develan mi interior,
¿será que me ama? ¿a mi? ¿a este extraño ser de un norte sin sur, de raíces marítimas y ramas pampeanas?
No, dice un grito fuerte en mi interior, él no te ama, replica continua
Sí, dice otra voz, te lo mereces, continua replica
No lo creo, si lo creo, lo dudo, lo afirmo
Vivo en la constante confusión de descubrir quien soy, quien sos,
en no permitirme, en no querer ser, que seas, un efímero;
Pero lo sos, un fugaz constante, un recuerdo, una sensación, la armonía de los cuerpos, la danza de las emociones
Sí, sí, te merezco, lo repito
Y es que alguien temeroso, tímido, sin lazos constantes no puede tener más que una estrella fugaz, la soledad per se y la vida en transitoriedad

miércoles, 19 de julio de 2017

Siempre fui(mos) El Invierno

Me definiste como la distancia,
Como los océanos,
Como la intermediación,
Como una pantalla
Nunca creíste en mis abrazos
Ni en mi fachada de perfección, o en la genuina no molestia por la nada y por nadie
Siempre pensaste que mis lágrimas eran las de un reptil de ciénaga,
Que mis quejas no significaban nada y que mi presencia tan sutil y poderosa no era más que dolor remediado en nuestros instantes de pasión
Para luego regresar a eso, el eco de la nada, 
de la rutina, del hastío, del deseo permanente por la combustión
Para vos siempre fui el invierno 
Esa aflicción placentera de lo ausente presente, 
De lo no deseado y amado,de lo soportable insoportable, 
Fui, soy siempre el invierno
Esa entidad indomable e indescifrable, 
Que nunca pudiste abrasar, por que vos también lo eras, sos y lo serás
Fuimos dos inviernos que decidieron encontrarse, 
a pesar de saber que eso sería nuestra debilidad y que nuestro destino no era algo más que vagabundear, 
antes de que nuestras historias resolvieran reanudar sus caminos como ese dueto gélido que nunca se debió encontrar,
Siempre fui(mos) El Invierno

domingo, 16 de julio de 2017

Notas para permanecer

Toda mi vida la he visto a ella contemplar por una salida, flotando entre una conversación y una puerta. Esa era nuestra dormida, medicada y rica vida. Me imagino que ella en sus sueños se veía alta con una gran sonrisa enmarcando su rostro. Me siento más como su hijo cuando soy el hijo único de nuevo, arrastrado por ella a una fiesta que disfruto, pero que de la nada dejo de disfrutar. Imagino en nuestro futuro, dos autos en una autopista marchando juntos al vacío, lo que es una manera cobarde de decir, de que no me puedo matar a mi mismo hasta que ella muera. Si la alegría es lo que nos ata a la vida la mayoría de los días, ella y yo estamos por encima, flotando en el pavimento. Atados juntos por los hilos deshilachados de su vestido de noche, simplemente siendo. Toda mi vida he mordido los nudos de la soledad. Nadie quiere estar vivo cuando son olvidados. Cuando ella se vaya, ¿quién dirá/llamará mi nombre?
Y debería mencionar a la esperanza, ya que la esperanza es lo que desarma esa bomba que es la ciudad cuando sus hijos se van a dormir; el cable rojo, el cable azul de optimismo de su voz cada vez que yo decía, yo no necesito ningún amigo, solo estamos tu y yo, en mi todavía hay un niño que no cree merecer tanta misericordia de ella. También está ese niño que recuerda cuántas veces le dijiste que lo entendería cuando fuera grande, tenías razón, así como cuando me recordabas que vamos a morir algún día. La muerte, esa desesperación aburrida de nuestra vida que va limpiando la mesa en la que hemos comido, ¿quién necesita una última cena o una buena razón para abandonar la fiesta antes de que las cosas se tornen “raras”? Quizás eso, si eso, sea la esperanza. Quizás la esperanza es parar la historia antes de que se acabe, antes de ese inevitable y desastroso fin. Por favor traficante de discos e historias rotas, de regalos adelantados de cumpleaños, empujame, atraviesame en tu autopista, dejando mi historia allí, dejando este cuerpo entero en medio del aire iluminado por las luces delanteras de tu auto, como en una pequeña canción, como un pixel en la pixelada boca de la esperanza, o cualquiera que sea eso que nos conduce a la puerta del mañana, esa puerta de la que no tenemos llave y no queda más que devorarla para poder seguir.

martes, 11 de julio de 2017

1622

Los recuerdos se activan en este día gris, acompañado por la lluvia y un debate entre el ruido y la pasividad que provocan estados ambientales como este en medio de la rutina laboral al que este, estos, sistemas nos acostumbraron e implantaron en nuestra psiquis como deseo y norma.

Camino despacio, dubitativo, cavilando en el apoyo de cada pie sobre la vereda si lo que estaba por hacer era lo correcto; lo era, lo sabía, mas no paraba de rodear la idea de lo artificioso que resulta el trabajo como medio para sobrevivir/pervivir/vivir. Paso enfrente del lugar, lo miro y compruebo su finalidad, sigo adelante, no me detengo, llego a al esquina y sin quererlo estaba allí, en esa calle, frente a ese edificio, al que visité en un día igual a este, frío, lluvioso en una primavera mas parecida a un invierno. Ese 1622 estaba de nuevo en mi camino y creí que era magia, que debía regresar a ese lugar y vencer el miedo, pues me convencí en medio de mi obsesión por el recuerdo constante de ese encuentro de cuerpos y almas que experimentamos; que era destino que estuviera allí, que trabajara allí, creí que la energía que insiste en juntarnos cuando nos convencemos que el otro ha dejado de ser, ha desaparecido va a hacer que estemos constantemente a unos metros.

Ese día, en ese 1622, enloquecí, mi obsesión adquirió un nombre y me enfermé de vos; a veces lo maldigo, otras simplemente a mi Ser ser, como a sido esta vez. Ojalá la realidad haga una fabulosa entropía conmigo y destruya la magia de una vez y para siempre y así erradique esta enfermedad que creo llamar Amar.